Capítulo 04

Ser más

que una carpeta


Aún me duele el sape que me dio Sara y cómo se rio cuando hice la de Sherlock. Supongo que me lo merezco. Aún no resolvemos el caso, solo tenemos algo por dónde atacar: a José y descubrir su secreto. Ese señor va a caer. Aun así, Sara accedió a que me sentara por hoy en la silla de Isaac; al menos reconoce mi movimiento. Andan leyendo el archivo mientras, por puro aburrimiento, abro un cajón y encuentro mi cara. Este debe ser mi archivo, me imagino. Me resisto por pocos segundos, pero me gana la curiosidad y lo tomo. Es una carpeta amarilla con mi nombre y mi clase en color morado, mi color favorito; eso sí, con la espantosa letra característica de Isaac. Volteo por encima de la carpeta y los otros Watson siguen leyendo. No entiendo por qué, tampoco es un gran archivo el de José, a lo mucho dos páginas, pero no me molesta: me da tiempo de abrir la carpeta. Lo primero que me recibe es un perfil bastante similar al que me robé de José; me imagino que todos tendrán uno. Me llama la atención que hay unos pósits en mi archivo, con la letra de Isaac. Cuando por fin entiendo lo que dicen, me parte el corazón: "Demasiado necia, piensa demasiado tiempo en la inmortalidad del cangrejo". Esta sí es la letra de Isaac. Siento cómo salen lágrimas de mis ojos y paso al siguiente archivo, una especie de bitácora, afortunadamente hecha en computadora; no creo que mi corazón pueda aguantar mucho más.

Día 1. Hoy conocí por fin a Luna. Bastante inquieta la jovencita; claramente tiene un mundo interior bastante rico, pero le da pena mostrarlo. Cree que tener supervelocidad es solo correr rápido. Le pesa demasiado que la hayan catalogado como clase Deportes.

Día 2. Hoy Luna no pasó mi prueba secreta; creo que es la primera vez que me ocurre algo así. Pero también creo que es el perfil más interesante que me han asignado. Luna sigue sin comprender cómo puedo ser más “rápido” que ella.

Día 3. Hoy empiezo a entender la persona que es Luna. Me compartió que le gusta mucho correr, en realidad. Cuando le pregunté por qué no quiere dedicarse a ello, su respuesta me sorprendió: “¡Mis piernas se mueven rápido, pero no abarcan todo lo que abarcan las matemáticas! No soy una nerd ni nada”.

Día 4. Hoy Luna venía algo cabizbaja. Comentó que su compañero Gustavo la superó en el examen de matemáticas; se excusa mucho en la idea de que, por ser clase Ciencias, es imposible ganarle. Vicios de la juventud.

Día 9. Debo admitir que Luna es una persona bastante interesante. Creo que es la primera vez que no he necesitado anotar cada día en la bitácora. Fue necesario escribir este día, ya que creo ver progreso en Luna: comenta que no le pidió a su amiga Estrella que hiciera su tarea, a pesar de ser clase Entretenimiento. Por fin empieza a dejar de estar encadenada a las clases.

Me quedo pensativa unos segundos; puedo sentir las lágrimas en mis ojos. No puedo creer que solo haya tenido nueve sesiones con Isaac; para mí se sintieron como al menos cincuenta. Solo nueve malditas sesiones y un cabrón me lo quitó, al que me hacía sentir vista, el único que jamás me sugirió aceptar las becas deportivas que me ofrecen. Nunca me dijo qué hacer. Cuando me doy cuenta, ya hice bolita mi registro; había apretado demasiado el puño. Noto que hay algo más en mi carpeta, una especie de meme, un estúpido troll face: "Cuando Luna no se da cuenta de que dejé su archivo afuera a propósito". No sé por qué volteo esperando verlo ahí sonriendo. Pero no, sigue la misma cortina fea de siempre. Ni siquiera sé por qué está ahí; la mueves y no hay nada, literalmente, ni siquiera un portal naranja.

Cuando volteo, veo a los Watson volteándome a ver. No puedo evitar romper a llorar como niña pequeña. El abrazo de Alberto y la mirada comprensiva de Sara me confirman dos cosas: Isaac sigue aquí y ya tenemos un plan.

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